Todavía me acuerdo, de sus lagrimas infinitas, que sin aquella chica tan rara, jamás hubiera podido vivir, aquella magia que es, la de volver a creer en la magia ella misma.

Como explicaros, como deciros, como revelaros sus secretos…

Empezaré simplemente, por su encuentro con Sara…

Por un día, en el cual, podían ocurrir, milagros y maravillas, una chica llamada Sara, se paseaba por el parque. Cuando al seguir por el rabillo del ojo, una preciosa mariposa rosa y roja, vio a un niño llorando, bajo el castaño llamado desolación.

Se acercó a el y le dijo:

-Hola, ¿qué te pasa amor de mi vida? –intentando hacerle reír.

-Es que... yo no creo en la existencia de la magia y mis amigos, no me quieren hablar, por tener una idea diferente de la suya.-Me respondió tristemente.

-Pero, yo creo en ella, y tengo una manera, de hacértelo creer a ti también…-dijo la chica con tono sospechoso.

-Abre este libro. Cuenta una historia más bien parecida a la tuya…

Y al abrirlo una luz deslumbrante le atraía hacia el vacío, lo tocó y shupppppp…

El libro tragó al chico, luego al abrir sus ojos, se encontraba en un mundo raro. Había cambiado de aspecto, ya, ya era mayor y… ¡era un príncipe! Empezó a pasearse por aquél bosque que le hacia pensar ligeramente a Sara, un olor, un recuerdo, una mirada, una historia…

Se acercó a un castaño, bajo el cual encontró un libro, el libro de sus sueños, pero esta vez no quiso abrirlo, lo cogió y se fue corriendo. Al instante, vio una chica que parecía de su misma edad, al hablarle decía que no sabia donde se encontraba. Se hicieron muy amigos y terminaron casándose. Tuvieron dos hijas, la mayor llamada Cristina y la pequeñita Tru.

Un día, Tru, se paseaba por los pasillos del inmenso palacio de su padre, cuando a su sorpresa, descubrió una nueva puerta. La abrió y entró. Hacía frío y la habitación era muy oscura. Cuando encendió la luz… ¡era una biblioteca!

Y por sorpresa, vio un libro mucho más polvoroso que los otros, que parecía provenir de la edad media. Lo cogió y con la manga de su ropa, limpió un poco la portada, que dejaba leerse un titulo mas bien raro: “Cierra los ojos e imagina” intrigada, lo abrió y pafff…

En ni siquiera medio segundo, todo aquel mundo entró en el libro y de un tirón el chico volvió a estar al lado de Sara todavía los ojos húmedos de lágrimas, y el libro entre las manos, aún cerrado. Y sin que se controlase, lo abrió, pero esta vez no ocurrió nada, solo había imágenes, ¡solamente imágenes! había su foto, la de su mujer y sus dos hijas…

Cuando terminó de verlas, la última revelaba la clave del misterio, ahí se veía a Tru, con el libro en las manos, y debajo ponía: “En aquel momento la magia paró de existir, todo se rompió en el espacio de algunos segundos. Solo quedan recuerdos, alegres como tristes, solamente son imágenes que decoran los pasillos del pasado.

Que nos hacen soñar y olvidar, un poco, el cruel mundo en el cual, vivimos hoy”

Entonces Sara abrazó al chico y le dijo:

-La magia solo existe en el corazón de los que realmente creen en ella, porque la magia es un don, que no todos tenemos la suerte de tener y… ni siquiera probar…

Amigos del día, amigos de la noche, os voy a revelar un secreto:

-He guardado aquel libro, en el núcleo de la tierra, para que jamás, nadie lo alcance, ni lo robe, pero por detrás, le puse una alarma, que detecta la bondad y os puedo jurar, que detrás de vuestra almohada, una noche mágica, si tenéis buen corazón, encontraréis aquella sorpresa.

En realidad, lo único, de lo cual estoy segura, es que; aquel libro aún existe, porque aquella Sara, soy yo. Y tengo una segunda personalidad, la de una guardiana, la de las almas.

Pero aquella es otra historia y debe de ser contada en otra ocasión…